Consigue que los adolescentes se responsabilicen de sus actos

Sandra Höfer

“No ha sido culpa mía” es probablemente una de las frases que más dicen los adolescentes. Da igual que de lo que estemos hablando sea de que hay que limpiar algo que se ha manchado, de que los hermanos se han peleado, de que algo se quedó sin recoger… “No es culpa mía” es la respuesta que nuestros adolescentes nos dan con mayor frecuencia.

Muchos padres y madres se sienten impotentes cada vez que la escuchan porque entienden que sus hijos son incapaces de responsabilizarse de sus actos.

Y eso es un problema, y grave, de cara a su futuro en el que obligatoriamente si quieren tener una buena vida deberán aprender a hacerse responsables.

Por eso es tan importante que enseñemos a nuestros adolescentes a hacerse responsables. Solo hay un truco para ello: hablar. Debemos hablar con ellos, no bajar nunca la guardia, explicarles lo que es la responsabilidad y hacer que entiendan la importancia de asumirla. E igual de importante es enseñarles a huir del sentimiento de culpa que no es lo mismo que hacerse responsable.

Qué es responsabilizarse

Responsabilizarse es asumir las consecuencias de los propios actos y las propias decisiones; se capaz de tomar esas decisiones por uno mismo y ser capaz de defender las propias decisiones, las opiniones y las actuaciones de uno mismo.

Qué hacen los adolescentes para huir de su responsabilidad

  • Echar la culpa a los demás. La forma más frecuente de huir de la propia responsabilidad es echarles la culpa a los demás de lo que uno no ha hecho bien. Es una tendencia muy humana porque de esa forma uno no se siente mal. Pero es una costumbre muy peligrosa porque si un adolescente o una adolescente piensa siempre que son los demás los que tienen la culpa de todo, incluso de lo que ellos o ellas mismas han hecho mal, se convertirán en personas en las que no se podrá confiar.
  • No pensar en ello. Hay una frase de película que muestra a la perfección esta situación, cuando Scarlett O´Hara, en la película “Lo que el viento se llevó” hace algo que sabe que está mal su reflexión es “ya lo pensaré mañana”, lo que es lo mismo que decir que no volverá a pensar en ello porque no está dispuesta a asumir su responsabilidad. Esa también es una tendencia de los adolescentes cuando quieren evitar responsabilizarse, no pensar en ello.

     

    Cómo evitar que hagan esto

    La única forma de evitar que echen la culpa a los demás o que se nieguen a reflexionar sobre lo que han hecho mal es obligándoles a hacer justo lo contrario. Con paciencia infinita si es preciso, hay que conseguir que entiendan que echar la culpa a los demás es no solo un error sino una falsedad. Además de explicarles esto en forma general, lo más práctico es hacerlo cuando surgen situaciones concretas en las que el adolescente o la adolescente asegura que “no es culpa suya”. Hay que desmontarles, mediante la charla, esa falsedad. Es muy útil hacerlo con preguntas del tipo: “¿de quién es la culpa entonces? ¿puedes explicarme exactamente por qué es la culpa de tal persona? ¿y tú actuación, fue correcta? ¿diferente a la de esa persona?... Y exactamente igual cuando se niegan a reflexionar sobre sus malas actuaciones.

     

    El sentimiento de culpa no es una asunción de responsabilidad

    Sentimiento de culpa es cuando alguien se siente mal por algo que ha hecho o dicho. Cuando una persona se siente culpable se siente también mal consigo misma y tiene una perspectiva devaluada de su propia persona. Y esos sentimientos no ayudan nada ni a la persona que los padece ni a las posibles víctimas de sus actos.

    La culpa solo es negativa.

    Responsabilizarse de los propios actos sin embargo es también una asunción de lo que uno ha hecho mal pero positiva. Uno no tiene por qué sentirse devaluado por lo que ha hecho, asume que ha hecho algo mal y puede sentirse mal por ello pero entiende que es inevitable cometer algunos errores y tratará de solucionarlo. La culpa hace que uno se sienta mal consigo mismo, la responsabilidad hace que uno se sienta mal con lo que no ha hecho bien. Son sentimientos muy diferentes. El primero no suele tener consecuencias positivas para nadie y el segundo sí es una forma de asumir la propia vida e intentar que sea mejor.