Cómo ser más empático

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La empatía puede hacer que nuestras relaciones con los demás sean mucho más satisfactorias, gratificantes y profundas, ya que las personas empáticas están mucho más en sintonía con los demás.

Piensa, por ejemplo, en una persona que mira a su hijo pequeño y sabe que se está poniendo nervioso porque se acercan a un lugar o situación que teme y, sin que el niño diga nada, lo consuela y anima. Un comportamiento como este tiene un efecto muy poderoso en el niño, que tal vez no se atrevía a mostrar su miedo abiertamente y que siente un tremendo alivio al ver que ni siquiera le hace falta, además de recibir un apoyo que estaba necesitando.

Por supuesto, por muy empática que sea una persona, no siempre va a verlo todo ni a saber en todo momento lo que sentimos. A veces, hay que expresarlo con palabras. Pero incluso en estos casos, la reacción de la persona empática es mucho más cálida y comprensiva.

Cuando en una relación de pareja, por ejemplo, ambos miembros tienen un nivel alto de empatía, la relación puede ser tremendamente satisfactoria. Serán menos egoístas, estarán ahí cuando el otro lo necesite, notarán el malestar o cansancio en su pareja y podrán entender cómo si siente o por qué le afecta tanto algo que a los demás no les afecta, entre otras cosas. Todo esto permite que el conocimiento de la otra persona sea más profundo y fortalece la relación.

El mejor modo de llegar a ser más empáticos consiste en practicar con las oportunidades que nos va presentando la vida diaria. En primer luchar, echa un vistazo al artículo llamado Qué es la empatía para tener más claro en qué consiste y cómo se comporta una persona empática.

Para practicar, puedes hacer lo siguiente:

1. Centra tu atención en el exterior y sé consciente de lo que te rodea y sucede, especialmente de las expresiones de la gente, sus conductas, lo que dicen y cómo lo dicen.

2. Practica mindfulness. Las investigaciones sugieren que practicar mindfulness y meditación mindfulness nos ayuda a tener ser más conscientes de los puntos de vista y emociones de los demás sin sentirnos abrumados por sus emociones negativas.

3. Cuando interactúes con gente, piensa en lo que pueden estar sintiendo. Por ejemplo, si al llegar al trabajo un compañero te saluda secamente, de forma precipitada, puedes observarlo y tratar de determinar si está sintiendo un estrés excesivo, si se siente de mal humor, etc.

4. No pienses usando estereotipos. Los estereotipos sirven para categorizar a grupos de personas en el mismo saco, como si fueran todos iguales. Esto les priva de su individualidad personal y os hace verlos de un modo menos empático. Ten en cuenta que cada persona es diferente y única.

5. No des las cosas por sentadas ni saques conclusiones precipitadas ni recurras a explicaciones simplistas. Por ejemplo, si a alguien le pasa algo malo y piensas que será porque se lo merece no pensarás más en ello. O bien, si piensas: “No es tan grave, ya saldrá del paso”, tampoco estarás practicando mucha empatía sino más bien buscando explicaciones fáciles para poder pasar y centrarte en ti y en tus cosas. Si lo que quieres es desarrollar tu empatía, ese no parece un buen modo.

6. Lee novelas. Las personas que leen novelas suelen ser más empáticas. Esto es debido a que las historias que conocemos a través de las novelas nos sumergen de lleno en el mundo y los sentimientos de otras personas.

(Al final de este artículo profundizamos más en este aspecto.)

7. Juega y compite. Cuando jugamos con los demás a cualquier tipo de juego o deporte nuestros cerebros construyen “modelos mentales” de los pensamientos e intenciones de la otra persona. Los participantes necesitan anticiparte y responder a las acciones de las personas con quieren compiten. Es decir, dado que la empatía nos ayuda a “leer” mejor a los demás, la persona empática puede tener ventaja a la hora de competir con otros y hacerlo es un gran modo de practicar la empatía.

8. Observa y estudia las expresiones faciales de los demás, tratando de adivinar qué emoción expresa su rostro.

9. Con tu pareja o seres más cercanos, describe y pon nombre a las emociones que crees que pueden estar sintiendo y luego trata de buscar una explicación.

Por ejemplo, si tu pareja vuelve del trabajo con una expresión cansada puedes pensar que ha tenido un día especialmente estresante. Luego pregúntale para saber si estás en lo cierto. Por ejemplo, en este caso, podrías decirle: “Tienes un aspecto cansado. ¿Un mal día en el trabajo?”

10. Si tienes mucho dinero o demasiado poco, ten cuidado. Según las investigaciones, las personas con más dinero suelen ser menos empáticas, probablemente debido a que necesitan menos la ayuda o cooperación de los demás puesto que cuentan con medios para pagar cualquier cosa que necesiten. Por el contrario, las personas más pobres pueden estar tan preocupadas por cómo van a llegar a fin de mes o pagar sus deudas que no tienen tiempo para prestar demasiada atención a los demás. Si estás en uno de estos grupos, trata de recordar a menudo que la empatía no solo te hace mejor persona sino que también mejora mucho tus relaciones con los demás.

¿Leer novelas nos hace más mejores personas?

“Las personas que leen novelas a menudo parecen ser más capaces de entender a otras personas, empatizar con ellos y ver el mundo desde su punto de vista.” Esta es la conclusión a la que llega la psicóloga Annie Murphy Paul, de la universidad de York, en Canadá, tras revisar diferentes investigaciones realizadas.

Pero no cualquier tipo de novela produce este efecto, sino tan solo la literatura de calidad, que te permite sumergirte en el interior del personaje, en sus emociones y su psicología, rica en detalles y con cierta complejidad moral y emocional, muy diferente de la literatura barata escrita precipitadamente solo para hacerte pasar el tiempo. Leer las grandes obras de la literatura, señala la investigadora, es una experiencia particular que va más allá de la simple decodificación de palabras. Se trata de un tipo de lectura que realizas por placer, sin prisas, deteniéndote a menudo a reflexionar sobre lo que estás leyendo.

Y es que la buena literatura es capaz de alcanzar al lector de un modo profundo, sumergirle en toda la complejidad del mundo interior de otra persona y enseñarle a entender y conectar mejor con los demás.

En un artículo publicado en The Atlantic, Karen Swallow describe su propia experiencia con la literatura y lo que cada novela le ha aportado: “De Grandes esperanzas aprendí el poder que tienen las historias que nos contamos a nosotros mismos para hacer tanto mal como bien a nosotros y los demás; de La muerte de un viajante aprendí los peligros de una versión corrupta del sueño americano; de Madame Bovary aprendí a abrazar el mundo real en vez de escapar con la imaginación; de Los viajes de Gulliver aprendí las profundas limitaciones de mi propia perspectiva finita; de Jane Eyre aprendí cómo ser yo misma.”