Cómo la sobreprotección puede perjudicar a los niños

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Los niños necesitan que los padres los protejan, los cuiden y estén pendientes de ellos, pero cuando esta protección es excesiva, pueden estar creándoles problemas que acaben arrastrando hasta la edad adulta.

Los padres y madres sobreprotectores impiden a sus hijos realizar muchas actividades por miedo a que les pase algo. Así, no les dejan quedarse a dormir en casa de un amigo, ir de acampada, etc., y tratan de evitar a toda costa que hagan cualquier cosa que les de miedo, les resulte frustrante o incómodo o no sepan hacer.

Se trata de personas que suelen conceder demasiados caprichos a sus hijos para no causarles malestar, toman decisiones que los niños deberían tomar ya por sí solos, por tener edad suficiente, y no les exigen ninguna obligación o responsabilidad, como ordenar su habitación o hacer ciertas tareas del hogar. Tampoco es raro que no ejerzan la disciplina suficiente con sus hijos cuando se portan mal, pasando por alto sus malos comportamientos o excusándolos.

Aunque lo hacen para evitar que el niño o niña lo pase mal, también le están impidiendo que aprenda a afrontar lo que teme, a tolerar la frustración, a ser responsable de sus errores y de su mal comportamiento o hacer cosas por sí mismos.

Las consecuencias negativas de la sobreprotección

Muchos de estos niños pueden crecer pensando que los demás están ahí para servirles, se vuelven irritables y agresivos si no obtienen lo que quieren en el mismo momento, no son capaces de reconocer sus errores, son más inmaduros, tienen problemas para relacionarse con los demás y se sentirán con frecuencia insatisfechos, descontentos, irritables y aburridos.

No han aprendido a ser responsables de su propio bienestar, sus emociones y sus actos porque siempre ha habido alguien ahí para hacerles sentir bien, solucionarles sus problemas y darles lo que pidan. Pueden sentirse inseguros cuando no tienen a sus padres cerca porque se han vuelto dependientes de ellos.

Cuando los niños se sienten frustrados, temen hacer algo, están aburridos o experimentan alguna emoción negativa, van aprendiendo por sí mismos a afrontar estas situaciones. Y esto les ayuda a madurar, a ser autosuficientes, a regular sus propias emociones y a no depender de los demás para sentirse bien. La sobreprotección les impide aprender todo esto. Por supuesto, los padres deben estar ahí para protegerlos cuando sea necesario, pero no es lo mismo proteger o cuidar de los hijos que sobreprotegerlos.

La sobreprotección, sobre todo cuando va acompañada de poco afecto por parte de los padres, puede estar asociada, en los adultos, a problemas de ansiedad, depresión y obsesiones.

Qué puedes hacer para evitar la sobreprotección

Hay unas cuantas cosas que puedes tener en cuenta para evitar proteger a tus hijos de un modo que sea excesivo y perjudicial para ellos:

1. Deja que hagan las cosas por sí mismos. No estés demasiado pendiente de lo que hace tu hijo para salir corriendo en su ayuda y solucionarles todos los problemas. Deja que sea él o ella quien te pida ayuda cuando la necesite y evalúa si de verdad necesita ayuda o si es algo que puede hacer por sí mismo aunque sea frustrante o molesto.

2. Ten cuidado con tus propios miedos. Enseñarle a tu hijo o hija cómo debe actuar en caso de encontrarse en una situación de peligro es preferible a tratar de impedir que haga muchas actividades porque temes que le pase algo malo. Si te dice, por ejemplo, que quiere ir a una acampada organizada por su colegio, infórmate todo lo posible de dicha actividad, personas implicadas, etc. y no le prohíbas ir a no ser que tengas motivos reales. No se lo impidas solo por tus miedos.

3. Si tiene miedo de hacer algo, ten en cuenta que el miedo puede deberse tan solo a que no sabe cómo se hace. Por ejemplo, algunos miedos sociales pueden deberse a qué no sabe cómo actuar o qué decir en una determinada situación. En este caso, explícale exactamente lo que tiene que hacer o decir y luego deja que lo haga luego por sí mismo.

Así le estarás enseñando en vez de sobreprotegerle.

4. Enséñale una disciplina adecuada

  • Haz que tenga algunas obligaciones, como ordenar su cuarto, poner la mesa y cosas similares.
  • Castígale cuando hace algo mal. Para hacerlo, en primer lugar, explícale lo que ha hecho mal, por qué está mal y cómo debería haber actuado. Luego recurre a un castigo que no sea físico, como no dejarle ver la tele, no dejarle jugar a videojuegos, limpiar lo que ha ensuciado, etc. Es importante que no pases por alto su mal comportamiento porque, si lo haces, no aprenderá a comportarse correctamente, lo cual le acarreará problemas con los demás.
  • Haz que tenga horarios y se acostumbre a hacer las cosas a su hora en vez de regirse por los deseos de cada momento. Por ejemplo, que haga los deberes a una hora determinada, que se acueste a una hora fija, etc.
  • No le concedas todos los caprichos. Los niños deben aprender que no se puede tener todo lo que se desea en la vida. Así aprenden a tolerar las frustraciones con las que se van a encontrar más de una vez en el futuro.