Cómo integrar a los hijos adolescentes en tu nueva familia

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Anillos de boda. Kelly B

Muchos padres y madres de adolescentes forman familias nuevas. Son frecuentes en nuestra sociedad lo que se llama “familias reconstituidas”. Nuevas uniones en las que uno o los dos miembros de la pareja tienen hijos de relaciones anteriores. Si formar una familia es generalmente complicado, en el caso de estas “familias reconstituidas” lo es aún más. Pero no es imposible. De hecho hay cientos de miles de ellas que funcionan a la perfección.

Aunque es importante tener claras algunas cosas cuando se inicia la aventura.

Mis hijos, tus hijos, nuestros hijos

La principal característica de las nuevas familias es que los cónyuges no son los padres de todos los niños y adolescentes que forman parte de ella. Lo más frecuente es que cada miembro de la pareja aporte a la nueva familia hijos de relaciones anteriores y por ello, uno de los padres de esos niños no forma parte de la familia. Encajar esto suele plantear dificultades pero no insalvables.

La presencia de la antigua pareja en la nueva familia

Lo ideal es que los cónyuges mantengan una buena relación con su anterior pareja. Cuando esto es así, las cosas son mucho más sencillas aunque esto no siempre es posible. Pero en todos los casos, sea cuál sea la relación con la pareja anterior, hay una cosa que debe establecerse como prioritaria:

  • La nueva pareja no es el padre o la madre de nuestros adolescentes. Ellos ya tienen a su madre o a su padre. Es imprescindible que los adolescentes entiendan que nuestra nueva pareja no viene a sustituir a su padre o a su madre. No solo eso, es importante que les hagamos entender que con nuestra nueva pareja tendrán una relación diferente, no van a convertirse en sus hijos, pero puede ser una relación de amor muy satisfactoria.

    El conflicto de lealtades

    Si habitualmente la relación con los adolescentes es complicada aún puede serlo más a la hora de formar una familia reconstituida. A todos los conflictos propios de la adolescencia, la presencia de una nueva pareja en la vida de su padre o su madre, puede provocar lo que se conoce como “conflicto de lealtades”.

    Y es que los chicos o las chicas pueden sentir que si se llevan bien con la nueva pareja de su padre o su madre, están traicionando a su otro progenitor. También en esto ayuda mucho cómo sea la relación con la pareja anterior. Si esta es buena, el trabajo para evitar que el adolescente se sienta culpable si se lleva bien con la nueva pareja de su padre o su madre debe hacerse entre los tres: los padres biológicos del adolescente y la nueva pareja de estos. Pero en cualquier caso, si eso no es posible también se puede conseguir que el adolescente acabe aceptando a la nueva pareja.

    Darles tiempo

    Los expertos consideran que cuando todo sale bien, una familia reconstituida funciona perfectamente con todos sus miembros bien adaptados entre dos y cuatro años después de haberla formado. Así que eso quiere decir que hay que tomarse las cosas con paciencia. Todo el mundo necesita tiempo para adaptarse a la nueva situación y los adolescentes quizá necesiten más. Es importante que los adultos les concedan ese tiempo sin presiones.

    Pero concederles un tiempo razonable para adaptarse a la nueva familia no quiere decir que en ese tiempo no deba haber disciplina. Los adolescentes necesitan la disciplina para que su vida transcurra de forma saludable y segura.

    Y esa disciplina, sobre todo al principio, debe ser impuesta por su padre o por su madre y no por la nueva pareja de este o esta.

    Evitar los celos

    Otro de los problemas más frecuentes que suelen aparecer en las familias reconstituidas son los celos. Los chicos o las chicas se sienten celosos de la nueva pareja de su padre o su madre. Y en el caso de que esta nueva pareja aporte hijos propios a la nueva familia, también de esos otros niños o adolescentes. Para combatir eso es necesario que le dediquemos a nuestro hijo adolescente un tiempo propio, que él o ella sienta que sigue siendo nuestro hijo en exclusiva y que nosotros somos su madre o su padre, también en exclusiva.