Cómo hacer jabón casero

Así se hace el jabón artesanal

Hacer jabón casero
Si haces tu propio jabón después no querrás usar los fabricados. Ken Browar Productions Inc/ Getty Images

Yo tuve una tía, mi tía Emi, que vivía en el campo y tenía grandes conocimientos sobre cómo aprovechar la naturaleza en la belleza. Sabía cómo dejar muy suave la piel de las manos, dar brillo al cabello (le encantaba el vinagre) y quitar verrugas (no tengo ni idea de cómo lo hacía pero a mi hermana le quitó dos mientras dormía). Nada de sofisticada cosmética antiaging, fórmulas détox o cremas con parabenos para que duren más tiempo.

La vida al aire libre activa, con alimentación sana, suficientes horas de sueño y sin estrés eran su mejor ritual de belleza. Como mucho alguna mascarilla de yogurt y miel.

Una de las aficiones favoritas de mi tía era hacer jabón. Un par de veces al año, generalmente en días de buen tiempo de primavera u otoño, se subía las mangas de la camisa, se vestía ropa vieja y recuperaba sus aperos de metal para hacer mezclas capaces de limpiar en profundidad y con suavidad al mismo tiempo.

Mi tía me enseñó a hacer jabón casero, como a ella se lo había enseñado a hacer su madre. Así que he pensado que sería bueno compartir ese saber popular que tantas cualidades positivas posee.

Vamos a ver dos recetas. La primera es una fórmula básica de jabón casero reciclando aceite doméstico, para uso general. La otra, un poco más sofisticada, incorpora aromas natural a lavanda y las maravillosas propiedades de los aceites esenciales.

Empecemos

 

Receta básica de jabón casero

Fabricar jabón artesanal implica sus riesgos porque la mezcla alcanza una alta temperatura así que hay que protegerse y ser muy precavida. Ponte unos guantes para protegerte las manos y manga larga para evitar problemas con la piel de los brazos. Aleja a los niños de la zona mientras prepares el jabón y deja las ventanas abiertas para que se ventile bien la habitación.

Mi tía no se ponía gafas protectoras pero conozco a quien lo hace para protegerse los ojos.

Consigue una cacerola profunda y de gran capacidad –para más de 5 litros y  evitar que salpique- que no vayas a utilizar para nada más (olvídate de cocinar después con ella). Pon:

. 500 ml de agua,
. 750 ml de aceite de cocina ya usado, colado y reciclado (sí, sí del que va sobrando de freír) y ve añadiendo, poco a poco,
. 100 g de sosa cáustica en escamas (lee bien las instrucciones de uso). Tienes que tener mucho cuidado con la sosa porque eleva la temperatura de los líquidos y si te toca la piel te quemaría, ya que es corrosiva. Además, evita inhalar el vapor. Pon la mezcla a fuego bajo. Sé que algunas recetas no incluyen la exposición de la mezcla al fuego, pero mi tía lo hacía porque “hace que cuaje mejor” me decía.

Con los tres ingredientes juntos llega el momento más duro: vas a tener que mezclar todo con un utensilio largo de madera (puede valer una gran cuchara de madera o incluso un palo) durante 45-60 minutos y ¡¡siempre en la misma dirección!! No puedes dejar de remover hasta conseguir la consistencia espesa adecuada: sabrás que la has conseguido porque el utensilio que usas para remover se quedará de pie sin caerse.

  Apaga el fuego.

Mi tía pasaba esta mezcla a un cajón de madera que tenía para esta función. Y antes de que el jabón se enfriara del todo (unos 3-4 días después) lo partía en bloques con ayuda de un cuchillo y le dejaba reposar en un lugar seco al menos durante un mes antes de empezar a utilizarlo.

 

Receta de Jabón de Lavanda

Es la misma receta anterior incluyendo un paso más. Cuando la mezcla de jabón está ‘casada’ es decir es homogénea y cuesta más hacer girar el utensilio con el que removemos es el momento de añadir 10 g de un aceite esencial. Yo te propongo el de lavanda porque es perfecto para las pieles más delicadas pero puedes elegir cualquier aceite para la piel que te guste (de argán, de naranja…). 

Yo este jabón lo utilizo para el cuerpo pero no para la piel de la cara pues conviene ajustar la higiene a los diferentes tipos de piel, aunque te adelantaré que mi tía no tenía ningún problema en utilizarlo para todo.

Para que las pastillas queden más bonitas o incluso puedas regalarlas una opción es poner la mezcla en moldes de silicona de magdalenas individuales.  Si después  los metes dentro de unas telas de algodón ligero, también puedes emplearlos para perfumar los cajones de tu armario.

 

Receta de jabón para hacer con niños

Como la receta de jabón que fabricaba mi tía no se puede hacer con niños, te voy a dar una tercera opción que no recicla aceite pero que sigue siendo más natural que las pastillas de jabón que venden de grandes fabricantes.

Derrite en el microondas una pastilla de jabón de glicerina de 200-250 g. Añade 2-3 cucharadas de un aceite esencial que tu elijas o incluso de tu perfume favorito. Coge la batidora y mézclalo al tiempo que vas añadiendo, poco a poco, 50 g de aceite de oliva tibio. Verás que la mezcla va tomando cuerpo poco a poco y resulta una masa fluida pero homogénea. Ahora ya puedes hacer lo que te he contado más arriba sobre cómo guardar las pastillas.