Cómo es un buen profesor de yoga

profesor de yoga clase
Un buen profesor de yoga es paciente y tiene empatía com sus estudiantes. Betsie Van der Meer/ Getty Images

Nunca es igual practicar yoga solo que hacerlo con orientación. Un buen profesor de yoga te lleva de la mano con conocimiento pero sobre todo con inspiración, por este camino maravilloso de vitalidad, expansión de posibilidades, crecimiento interior y descubrimiento de este nuevo mundo es el yoga. ¿Qué hace a un buen profesor? Aunque cada uno es diferente, hay algunas características que tienen en común los mejores profesores que me he encontrado en la vida.

A ellos, muchas gracias por ser luces en el camino.

Tiene experiencia en su propia práctica de yoga

Más importante que el tener experiencia enseñando, es importante que sea un verdadero yogui. Se ha dicho que el mejor profesor es el mejor estudiante. Esto no quiere decir que deba ser muy flexible, o fuerte o atlético. Más que practicarse, el yoga se vive. La mejor manera de hacer una clase buena a compartiendo lo que hemos vivido nosotros mismos. Esto hace un profesor mucho más honesto y con la capacidad de establecer mayor empatía con los estudiantes. Por supuesto que estudiando los esquemas de las clases y aprendiendo de los libros enriquece y nos da estructura pero la experiencia como estudiante de yoga y como profesor es muy valiosa para que las prácticas sean más enriquecedoras, mucho más seguras, provechosas y divertidas. No se puede transmitir lo que no se ha experimentado. Busca alguien que viva el yoga por los poros, que te comparta su experiencia.

Tiene una formación robusta como maestro

Esto quiere decir por lo general que esté vinculado a una escuela de la que tengas buenas referencias y, además, que tenga un certificado reconocido. Lo más parecido a esto es el Yoga Alliance, que aunque no es demasiado riguroso, tiene algunos estándares internacionales de calidad.

Un profesor debe tener como mínimo una formación de 200 horas reconocida por el Yoga Alliance. Por supuesto que este es un parámetro occidental y que hay en muchas partes del mundo profesores que no tienen dichos certificados pero que tienen experiencia con grandes maestros y que han aprendido la tradición más auténtica. Pienso en muchos maravillosos profesores de India, por ejemplo. De manera que no todos tienen que formar parte de una organización internacional de yoga ni tener miles de títulos, aunque es un referente. La formación incluye una profundización filosófica y una búsqueda personal, no sólo una preparación en un método.

Es amoroso y entregado

Un yogui vive en el amor y un profesor de yoga fundamenta su enseñanza en él. Implica que tenga amor hacia lo que está haciendo, hacia sus estudiantes, hacia la tradición. Que le ponga el corazón a sus clases y que se pueda conectar con los alumnos. Que dé lo mejor de sí para que los alumnos se beneficien de una práctica armoniosa y bella. Que les transmita con su actitud lo que es el yoga. El amor nos hace estar al servicio del otro, comprenderlo y ser sensible a sus necesidades. Los profesores de yoga saben lo que sus estudiantes están experimentado, están siempre atentos y pueden sentir su esfuerzo, también.

Aunque intentan llevarlos cada día un poco más allá, incitando a que relajen su mente y con ella su cuerpo, ayudando a profundizar en las posturas, intentando variaciones, superando miedos y límites mentales, siempre lo harán de una forma amorosa y confiada. La entrega quiere decir que una clase es una oportunidad para compartir un conocimiento universal y que el profesor no es más que un vehículo. Un buen profesor de yoga se desprende de su ego.

Es positivo

No sabría cómo definirlo, pero hay profesores que brillan como el sol y esto hace que nos contagien de su visión positiva y entusiasmo. Es algo así como que el amor se extiende a la vida y celebran cada manifestación del absoluto, y cada paso de crecimiento, como algo maravilloso. Porque además de tener esta entrega y sensibilidad para hacernos sentir protegidos y en un lugar de tranquilidad, también es importante que nos haga sentir felices y motivados.

Los profesores de yoga que más me han gustado se sienten bien en su propia piel y nos hacen sentir lo mismo. Nos hacen amar nuestra práctica, fluir con la vida y amarnos a nosotros mismos en el proceso. Un profesor de yoga debe tener una muy buena energía, que nos haga sentir cómodos y felices y esto se relaciona con una buena actitud, con una vida consciente y con un pensamiento lindo.

Es una inspiración

El papel del profesor de yoga no es ser un gurú espiritual, pero sí es una figura que nos enseña más allá de unas posturas. No tiene que ser un iluminado, pero sí tener algo de sabiduría para compartirnos y hacernos querer ser un poco mejores. Esto comprende las características anteriores, es decir que sea amoroso y positivo, pero también que tenga un poco de la dulzura del universo y que esté en un plano un poquito más elevado. Que tenga una energía positiva que nos eleve y contagie, y que nos haga sentir un poco más desprendidos y libres, más cerca de nuestro ser infinito, con mucho amor para dar y motivos para bailar.