Comer sano fuera de casa

Comer fuera de casa y bien es posible. Te damos las claves de cómo hacerlo.

Comer sano fuera de casa
Comer sano fuera de casa es posible conociendo de antemano la carta o pidiendo al chef platos sin demasiadas calorías. JGI/Jamie Grill / Getty Images

Comer sano fuera de casa puede convertirse en una auténtica proeza. Aunque cada vez hay más establecimientos de restauración que ofrecen alimentos bajos en grasa o cocinados de manera más sana, mantener una dieta sana y equilibrada puede convertirse en una auténtica proeza. En este artículo os damos algunas claves para comer bien sin engordar.

Un desayuno energético y saciante

No es necesario que te despiertes media hora antes para desayunar bien.

Hoy en día, las revolucionarias máquinas de café en cápsulas, los cereales envasados, los yogures, la fruta cortada y pelada en bandejas o los zumos naturales en botellas te permiten preparar un desayuno equilibrado y altamente energético en un tiempo récord.

Pon el despertador diez minutos antes de la hora habitual. Cuando apagues el despertador y te incorpores, bebe dos vasos de agua. Si dejas una botella y un vaso en la mesilla la noche anterior, convertirás este gesto en algo cómodo y automático.

Ya en la cocina, prepárate un buen café para despertarte o un té, según tus preferencias, un bol de cereales, si pueden ser variados, tipo muesli y ricos en fibra, mejor; mézclalos en yogur y trozos de frutas y acompáñalos de zumo de naranja.

En un tiempo récord tienes no solo un desayuno que contiene la mayoría de los nutrientes esenciales (lácteos, cafeína o teína para activarse, fruta y fibra e hidratos de carbono de absorción lenta para darte energía) sino que además cardiosaludable y sin grasas saturadas que incrementen tu peso.

Además, es saciante y reduce la tentación de consumir comida basura a lo largo del día.

Lleva siempre frutos secos o fruta 

Lleva siempre contigo una bolsa con cuatro nueces ya peladas. Recuerda que los frutos secos, en particular las nueces, son unan excelente fuente de vitaminas, minerales. También puedes reservar espacio para un pieza de fruta que puedas comer a mordiscos, como por ejemplo, una manzana.

Ocupa poco espacio y es una manera muy sana de saciar el hambre que puede sorprenderte entre comida y comida. También puedes optar por las barritas de cereales ricos en fibra. La clave está en no llegar con un hambre voraz a la siguiente comida y no sucumbir a la tentación de picotear alimentos pocos sanos. También es recomendable beber mucho agua, zumos —mejor naturales, o para diabéticos, de esta manera te aseguras de que no contengan altas cantidades de azúcares— o infusiones.

En el restaurante, fuera vergüenzas

Una de las mejores maneras de saber que vas a comer sano es conocer el restaurante, cómo cocinan sus platos, si lo hacen con aceite de oliva o si, por el contrario, lo hacen con margarina o aceite de girasol.

A pesar de que no se trata de una práctica muy extendida y nos dé algo de vergüenza preguntarlo, tenemos el derecho y el deber como consumidores responsables de conocer sus métodos culinarios. Si no te satisfacen, opta por consumir platos muy ligeros como ensaladas y segundos de pescado a la plancha, carnes magras tipo pavo, conejo o pollo y nada de postre. Si el menú está cerrado, come poco.

Prueba de todo pero en cantidades mínimas. Y si tienes la oportunidad de decidir, inclínate por restaurantes vegetarianos o japoneses u otros establecimientos de comida mediterránea.

Si acudes a un restaurante italiano, pide que la salsa la pongan en un cuenco aparte o, directamente, ordena una pasta hervida aderezada con un poco de aceite de oliva y ajo picado.

El tupperware, qué gran solución

¿De verdad merece la pena seguir comiendo sándwiches de la máquina de vending? ¿O pollo frito del restaurante de comida rápida de la esquina? Si lo que quieres es aprovechar al máximo el tiempo en la oficina y por eso optas por ese tipo de comida, ¿no te parece más sano traerte tu plato favorito hecho de casa?

En la actualidad, cuentas con tupper en forma mochilas fácilmente transportables (algunas de ellas térmicas que lo mantendrán a buena temperatura). Desde luego, descarta esta alternativa si odias cocinar. En tu caso, la mejor opción es seleccionar establecimientos take away de comida sana que puedan traértelo a la oficina.

Otra modalidad, que está ganando cada vez más adeptos, es contratar el servicio de amas de casa o personas en paro que puedan cocinar para ti.

La tortura de los medios de transporte

Comer bien si se viaja constantemente es todo un reto, pero no imposible. Antes de salir de casa, lleva contigo barritas de cereales, fruta, yogures bebibles etc para saciar el hambre mientras esperas.

Si no has tenido tiempo y decides comer algo antes de que salga el vuelo o si éste se demora, opta por establecimientos de comida saludable (puedes chequearlos por Internet).

Una vez en el aire la cosa se complica. Sin embargo, algunas compañías aéreas ofrecen un servicio extra a sus pasajeros: en su página web facilitan conocer cuál será el menú durante el vuelo o solicitar una comida especial (dietética o médica, religiosa, para niños o para intolerantes a algún alimento…). Compruébalo antes. Recuerda además mantenerte hidratado para vencer la fatiga y evitar el alcohol antes y durante el vuelo.

Y recuerda:

  • Nada de salsas. Insiste al camarero.
  • De primero una ensalada (sin ‘complementos’ tipo queso, pollo frito, beicon, maíz, etc). De la huerta y ligerita. Las verduras mejor hervidas o a la parrilla. Evita añadir más aceite a estas últimas pues normalmente ya las cocinan con una buena cantidad. El arroz integral y si vas a comer legumbres tipo lentejas que sea plato único (no te vas a desnutrir por ello). Fuera el chorizo, la morcilla u otras carnes grasas que las acompañan.
  • Evita el alcohol. Bebe mucha agua y toma infusiones.
  • Si vas a comer postre, que sea fruta. Aunque no es necesario comer tres platos si tu dieta diaria es equilibrada.
  • No termines la comida sintiéndote lleno, sino con un poco de hambre. Se dice que el cerebro tarda unos 20 minutos en recibir la señal de que el estómago está satisfecho.