Cinco mitos clásicos de la iconografía sexista

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Venus y otras diosas

'La venus en el espejo', de Diego Velázquez.
'La venus en el espejo', de Diego Velázquez. Original en la National Gallery, Londres

Las diosas de la belleza y el amor forman parte de todas las culturas clásicas, aunque Afrodita (griega) y Venus (romana) son las más famosas. Ixchel, en la cultura maya, o la nórdica Freyja son ejemplo también de como la mitología ha representado la belleza femenina, asociada a la fertilidad y la reproducción.

La escultura clásica y la pintura renacentista han retratado este ideal femenino como mujeres hermosas, de grandes caderas (símbolo de maternidad y buena salud sexual) y fuerte sensualidad y erotismo.

Maestros como Tiziano, Velázquez, Botticelli,.. son alguno de los artistas de la época que con su pintura contribuyeron a inmortalizar este mito de la mujer como sujeto reproductivo, que ha seguido formando parte de la historia del arte hasta nuestros días.

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Las vírgenes y la sumisión

'La Virgen de la Escalera', escultura de Miguel Ángel.
'La Virgen de la Escalera', escultura de Miguel Ángel.

El origen de las vírgenes o 'madonnas' es religioso y se asocia principalmente a la Virgen María, que los católicos y católicas consideran madre de su dios Jesús.

Tanto en la Biblia como en las representaciones artísticas, la Virgen se asocia a la piedad y la sumisión. No habla ni cuestiona, va cubierta con un velo y concibe al hijo de Dios manteniéndose "pura". Representa para muchas personas católicas el ejemplo de lo que debe ser una mujer.

La representación de la Virgen en obras de Rafael o Leonardo da Vinci es la de una mujer hermosa, dulce, siempre con el niño (o un cordero) o haciendo tareas del hogar. Suele estar rodeada de flores, en una fuente y con colores alegres y luminosos. 

La cantante Madonna escogió este nombre de forma simbólica y provocadora, eliminándole todo el sentido de castidad y pureza.

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Esfinge, "monstruo malicioso"

La esfinge del Museo Arqueológico de Delfos, en Grecia.
La esfinge del Museo Arqueológico de Delfos, en Grecia. Ricardo André Frantz

Junto a la mujer bella, fértil y madre, hay una representación muy habitual de la mitología clásica que la asocia con la maldad. 

La evolución de la Esfinge desde la cultura egipcia hasta la griega es un buen ejemplo de misoginia. En la mitología egipcia, estos seres híbridos eran leones con torso masculino, a veces alados, y con el rostro de un faraón. Simbolizaban el poder, la fuerza y la sabiduría. A partir del Imperio Nuevo, algunas también representan a las reinas. 

Desde el siglo IV a.C, la iconografía de la esfinge cambia y la cultura griega la mostraba con cuerpo de león, alas de pájaro y rostro de mujer, como símbolo de la mala suerte y la destrucción, un "monstruo malicioso" que enviaban como mal presagio a los territorios enemigos. 

Con todas sus brillantes aportaciones a la cultura occidental, la civilización griega destaca sin embargo por su odio a las mujeres. No participaban en la vida pública, ni eran consideradas ciudadanas. Tanto Platón como Aristóteles consideran a la mujer un ser inferior cuya única función es la reproducción. 

Fuente: National Geographic

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Brujas hasta por saber nadar

Representación de un juicio contra una 'bruja' de Salem.
Representación de un juicio contra una 'bruja' de Salem.

Durante la Edad Media, muchas mujeres fueron asesinadas por ser brujas. En realidad eran mujeres independientes, al margen del control masculino, que eran viudas o vivían solas, tal y como se explica en este artículo del Centre de Recerca de Dones de la Universidad de Barcelona.

La misoginia durante la Inquisición quiso acabar con la influencia de muchas "sanadoras" en la comunidad, donde eran consideradas sabias que asistían partos y aplicaban medicamentos naturales por conocimiento empírico o aprendizaje de generación en generación. Las instituciones de la época, dominadas por el cristianismo en Occidente, impusieron su control sobre la ciencia y la medicina a través de las universidades. Todo lo demás era "magia". Como señala Isabel Pérez Molina, "en Inglaterra las mujeres que sabían nadar eran consideradas brujas, ya que si sabían nadar era porque el agua las rechazaba".

Respecto a las brujas, en su representación en el arte, los cuentos y la cultura tradicional entra en juego también el uso del lenguaje. Los brujos son personajes con poderes, sabios, generalmente con autoridad en la comunidad y soluciones a muchos problemas. Las brujas, en cambio, son mujeres pobres, malvadas, solitarias y retorcidas. 

(Fuente: Centre de Recerca de Dones de la Universitat de Barcelona).

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Las princesas y la dependencia

Una pareja de concursantes de 'Dancing with the stars' emula a la Bella y la Bestia.
Concursantes de 'Dancing with the stars' emulan a la Bella y la Bestia. Todd Dovolani / Getty Images

La imagen que se traslada en muchos cuentos populares a través de las princesas es la de mujeres dependientes cuya idea del amor es conocer a un hombre-príncipe que las salve y con el que vivir cómodamente para siempre. Las populares princesas Disney han acercado este cliché (belleza-clasismo-sumisión) hasta nuestros días, pero comienzan a cambiar sus personajes femeninos en los últimos años, con más o menos éxito. La película animada Brave es un ejemplo de ello.

Este imaginario de hadas, brujas y princesas con el que hemos crecido muchas generaciones de mujeres se remonta a la antigüedad clásica y, tal y como nos han llegado, su fuente son los cuentos de los hermanos Grimm o Perrault, que pasaban el filtro de las autoridades de la época, a comienzos del siglo XIX. Los cuentos eran piezas clave de la educación y en ellos se transmitían valores patriarcales así como el miedo a lo desconocido.

Iniciativas como Cenicientas 3.0 o Kill the Princesses consiguen darle la vuelta a los clichés con realismo, humor e ironía. Este ejercicio forma parte de la sana labor de repensar nuestra educación desde el punto de vista del feminismo.

Luego están las princesas de verdad, pero esa ya es otra historia. O una versión actualizada de la misma.