Castigar no es siempre eficaz

Cuando los adolescentes cometen una falta hay otros métodos más efectivos

Castigos
Los castigos solo son efectivos cuando los adolescentes entienden perfectamente qué han hecho mal. JGI/Jamie Grill/Getty Images

La adolescencia es una época complicada para los padres y madres. Sus hijos e hijas comienzan a mostrar comportamientos que antes no tenían: no siguen las reglas, no muestran respeto,  se enfrentan a ellos e incluso pueden llegar a poner sus vidas en riesgo. Hay muchos padres que no saben cómo enfrentarse a esos problemas cuando llegan. Pero todos ellos deben saber que el castigo no es la solución.

¿No hay que castigar nunca?

Los castigos pueden ser efectivos algunas veces pero hay que tener en cuenta que su efecto es solo temporal y que los castigos, y menos en exclusiva, no cambian los comportamientos.

Hay casos en los que un castigo puede ser útil e incluso beneficioso pero hay que ser muy conscientes de que al imponer un castigo deben seguirse una serie de normas para que lo sea:

  • Nunca humillar. Un castigo no debe tener nunca la intención de humillar al adolescente eso solo traerá consecuencias negativas.
  • No castigar cuando se está muy enfadado. Los padres deben evitar tomar la decisión de un imponer un castigo en medio de una pelea o si están muy enfadados porque es más que probable que esas emociones les lleven a no ser justos.
  • Proporcional. Los castigos deben ser proporcionales a la falta. No se puede imponer un castigo enorme por una falta pequeña o al revés, un castigo muy leve por una gran falta porque entonces no serán nada efectivos.
  • Corregir. La intención del castigo siempre debe ser la de corregir no la de penalizar. Es importante esa distinción porque es importante que el adolescente entienda que lo que queremos con el castigo es que cambie su comportamiento y no hacerle sufrir.

 

Qué debe acompañar al castigo

Es imprescindible que el castigo vaya acompañado de otras cosas para que sea verdaderamente efectivo:

  • Amor. Nunca un castigo debe ser privar a un adolescente del amor de sus padres, ni siquiera insinuarlo. Nunca se debe decir o demostrar a los hijos que vamos a dejar de quererlos porque eso puede provocar un daño irreparable en los adolescentes. Ellos necesitan a su padres, su amor, su comprensión y su guía, si pierden eso perderán lo más valioso que tienen y lo que les ata al buen comportamiento.
  • Diálogo. Hay que hablar siempre con los hijos y más aún cuando se portan mal. Si un o una adolescente comete una falta por la que sus padres creen que deben castigarle pero no hablan con él o ella, es posible que el adolescente o la adolescente no sepan bien dónde han fallado. Por eso hay que explicarles cada vez que es lo que han hecho mal, porque está mal hecho y cómo deberían haber actuado. También es bueno en estas ocasiones que indaguemos en por qué ha ocurrido. Es decir, que lleguemos al fondo del asunto si ha llegado tarde, por qué ha sido; si ha contestado mal por qué está enfadado o enfadada; si ha obtenido malas calificaciones, qué es lo que ocurre en la escuela que no consigue un buen rendimiento. Un diálogo tranquilo, cuando todos están calmados puede ser mucho más eficaz para solucionar malos comportamientos que los castigos.
  • Memoria. Es muy importante que los padres y madres recuerden los adolescentes que ellos mismos fueron, también a la hora de imponer castigos. Recordar cómo eran ellos en su adolescencia les puede acercar a sus hijos y hacerles ver mejor las vías más efectivas para que la vida familiar transcurra de forma pacífica.