Características de los textos argumentativos

Elementos de los textos argumentativos

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Argumentar es desarrollar un razonamiento. Alejandro Pinto/flicrk

"Convencer a alguien implica tratar de obtener un cambio en él" 
Philippe Breton

A continuación, se analizan las principales características que se encuentren en los textos argumentativos.

Tema.  El tema es sobre lo que habla el texto. El escritor es quien elige la materia sobre la cual va a exponer sus argumentos.

Finalidad de convencer.  El objetivo principal de este texto es lograr que el lector se adhiera al pensamiento de quien redacta.
El redactor tiene en sus manos las herramientas para elaborar los argumentos que van a generar esa convicción necesaria.

 

Tesis. Esta es la parte central de todo texto argumentativo.  Se trata del pensamiento del autor, lo que opina acerca del tema y sus ideas o argumentos en torno a ella.

Argumentos. Es el cuerpo primario de este tipo de texto.  Escribir un argumento es un proceso sistemático que requiere analizar paso a paso las ideas que queremos transmitir a los lectores.

Como el pilar que sostiene todo el edificio para que este se mantenga en pie.  Si el autor solo se limitará a dar su opinión, sin mucho orden ni fundamento para apoyarlo, entonces no puede hablarse de una argumentación.

Razonamientos: El razonamiento en este contexto se define como la metodología en que el autor presentará sus argumentos al lector.

 

Proceso o fases: Está característica hace referencia al orden o estructura en las ideas.

Conclusión.  Todo argumento debe contar una parte que sintetice todo lo que se ha expuesto en el desarrollo. Como señala Norma Matteucci, "La conclusión puede ser, a veces, un complemento de la tesis u opinión"

Analizando las características de un texto argumentativo

 Los periódicos no lo dicen todo sobre las personas. Jaime Balmes

Estamos presenciando a cada paso que los partidarios de lo que se llama una notabilidad la ensalzan con destemplados elogios, mientras sus adversarios la regalan a manos llenas los dictados de ignorante, estúpido, inhumano, sanguinario, tigre, traidor, monstruo y otras lindezas por este estilo. El saber, los talentos, la honradez, la amabilidad, la generosidad y otras cualidades que le atribuían al héroe los escritores de su devoción, quedan en verdad algo ajadas con los cumplimientos de sus enemigos; pero al fin, ¿qué sacáis en limpio de esta barahúnda? ¿Qué pensará el extranjero que ha de decidirse por uno de los extremos o adoptar un justo medio a manera de árbitro arbitrador? El resultado es andar a tientas y verse precisado o a suspender el juicio o a caer en crasos errores. La carrera pública del hombre en cuestión no siempre está señalada por actos bien caracterizados, y, además, lo que haya en ellos de bueno o malo no siempre es bien claro si debe atribuirse a él o a sus subalternos.

Lo curioso es que, a veces, entre tanta contienda, la opinión pública en ciertos círculos, y quizá en todo el país, está fijada sobre el personaje; de suerte que no parece sino que se miente de común acuerdo. En efecto; hablad con los hombres que no carecen de noticias, quizá con los mismos que le han declarado más cruda guerra: «Lo que es talento -oiréis- nadie se lo niega; sabe mucho y no tiene malas intenciones; pero ¿qué quiere usted?..., se ha metido en eso y es preciso desbancarle; yo soy el primero en respetarle como a persona privada, y ojalá que nos hubiese escuchado a nosotros; nos hubiera servido mucho y habría representado un papel brillante». ¿Veis a esa otro tan honrado, tan inteligente, tan activo y enérgico, que, al decir de ciertos periódicos, él, y sólo él, puede apartar la patria del borde del abismo? Escuchad a los que le conocen de cerca y tal vez a sus más ardientes defensores: «Que es un infeliz ya lo sabemos; pero, al fin, es el hombre que nos conviene, y de alguien nos hemos de valer. Se le acusa de impuros manejos; esto ¿quién lo ignora? En el Banco A tiene puestos tales fondos, y ahora va a hacer otro tanto en el Banco B. En verdad que roba de una manera demasiado escandalosa; pero, mire usted, esto es ya tan común..., y, además, cuando le acusan nuestros adversarios no es menester que uno le deje en las astas del toro. ¿No sabe usted la historia de ese hombre? Pues yo le voy a contar a usted su vida y milagros...». Y se nos refieren sus aventuras, sus altos y bajos, y sus maldades o miserias, o necedades y desde entonces ya no padecéis ilusiones y juzgáis en adelante con seguridad y acierto.

Estas proporciones no las disfrutan por lo común los extranjeros, ni los nacionales que se contentan con la lectura de los periódicos, y así, creyendo que la comparación de los de opuestas opiniones les aclara suficientemente la verdad, se forman los más equivocados conceptos sobre los hombres y las cosas.

El temor de ser denunciados, de indisponerse con determinadas personas, el respeto debido a la vida privada, el decoro propio y otros motivos semejantes impiden a menudo a los periódicos el descender a ciertos pormenores y referir anécdotas que retratan al vivo al personaje a quien atacan, sucediendo a veces que con la misma exageración de los cargos, la destemplanza de las invectivas y la crueldad de las sátiras no le hacen, ni con mucho, el daño que se le podría hacer con la sencilla y sosegada exposición de algunos hechos particulares.