Bodas de sangre: resumen crítico

Una de las grandes obras de teatro de Federico García Lorca

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Bodas de sangre, Federico García Lorca. Alianza Editorial

Junto con Yerma y La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangre, que se estrenó en teatros en 1933, forma parte de la trilogía rural de tragedias de Federico García Lorca.

El género no es un detalle menor, ya que desde el Renacimiento la tragedia no ha tenido mucho arraigo en el teatro occidental, especialmente en el español, pero Lorca no vaciló al cultivarla. En una entrevista de 1933, Lorca dijo: "Hay que volver a la tragedia.

Nos obliga a ello la tradición de nuestro teatro dramático. Tiempo habrá de hacer comedias, farsas. Mientras tanto, yo quiero dar al teatro tragedias".

Estilo y estructura

Bodas de sangre consiste en tres actos. El primer acto se divide en tres cuadros y los últimos dos actos en dos cuadros cada uno. Lorca emplea tanto la prosa como la poesía, y abundan los símbolos y las imágenes, especialmente las del mundo natural.

El realismo de los primeros dos actos de Bodas de sangre cede ante un mundo onírico y surreal cuando la luna y la muerte aparecen en escena y es este momento el que más le satisface al dramaturgo, según reveló en una entrevista: "El realismo que preside hasta ese instante la tragedia se quiebra y desaparece para dar paso a la fantasía poética, donde es natural que me encuentre como pez en el agua".

La música y el coro también juegan un papel importante, y el crescendo de estos elementos y de la versificación, ayudan a marcar esa transición del realismo a la fantasía.

Temas

Destino. La novia no puede resistir a Leonardo ni evitar su destino, de ahí que le dice a la madre del novio al final: "Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no le he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar [...]".

Del mismo modo, Leonardo sugiere que no puede obrar contra el sino: "Porque yo quise olvidar / y puse un muro de piedra / entre tu casa y la mía / [...] / Pero montaba a caballo / y el caballo iba a tu puerta".

Y más adelante se refiere a la fuerza del destino que los une: "Clavos de luna nos funden / mi cintura y tus caderas".

Muerte. Es un tema esencial en las obras de Lorca, pero como subraya el filólogo Ángel Álvarez de Miranda, los muertos son casi siempre hombres: "No es casualidad que a lo largo de la obra lorquiana sean varones los protagonistas del morir, como tampoco era casual el protagonismo de la mujer en los otros aspectos. Muere el varón, muere sobre todo para la mujer; se trata de muertes que están sentidas —como la sexualidad, como la sangre— desde la mujer, desde la madre, la esposa o la amante. Muere el salvador. Pero el salvador es siempre el varón".

Venganza. La madre no perdona a la familia Félix por la muerte de su esposo e hijo, y cuando se entera que Leonardo y su mujer vendrán a la boda, dice: "Me aguanto, pero no perdono". El novio expresa sus deseos de venganza cuando está en el bosque buscando a Leonardo Félix y dice: "¿Ves este brazo? Pues no es mi brazo. Es el brazo de mi hermano y el de mi padre y el de toda mi familia que está muerta".

Honor. El noviazgo con Leonardo y pone en entredicho la honra de la novia, especialmente después de la huida. Al final, la novia dice que, a pesar de haber sido la causa de esta tragedia, todavía mantiene intacta su honra, a lo que la madre repsonde: "Pero, ¿qué me importa a mí tu honradez?".

Símbolos

Navaja. Tanto la navaja, como el cuchillo y el puñal son leitmotivs muy conocidos en la obra lorquiana, pero en ésta cobran especial importancia ya que no sólo aparecen a lo largo de la pieza, sino que protagonizan el incio y el final. A principio, el novio le pide una navaja a la madre, pero ella no quiere dársela porque para ella es un instrumento que quita vidas. Al final, la novia y la madre recitan una suerte de "himno al cuchillo".

Luna. Es un símbolo emblemático en toda la obra de Lorca. En esta pieza se personifica y se disfraza de leñador, y este personaje mítico ilumina el bosque para que les sea más díficil a Leonardo y a la novia esconderse, y así ayuda a la mendiga (la muerte). "La luna deja un cuchillo / abandonado en el aire, / que siendo acecho de plomo / quiere ser dolor de sangre", declara la luna en el tercer acto.

Mendiga. Como la luna, representa la muerte y la fatalidad. La mendiga le dice a la luna: "Ilumina el chaleco y aparta los botones, / que después las navajas ya saben el camino".

Flores. Las referencias a flores son ubicuas en todas sus variedades, pero especialmente el azahar, ya que significa pureza, y esta virtud de la novia entra en duda cuando tira su corona de azahar al suelo y cuando Leonardo sugiere que la misma debe ser más pequeña.

Caballo. Simboliza poder, sexualidad masculina y fatal atracción. La novia asocia el caballo con la fuerza seductora de Leonardo cuando le dice que "un hombre con un caballo sabe mucho y puede mucho para poder estrujar a una muchacha metida en un desierto". En efecto, el caballo facilita el enamoramiento ya que Leonardo va a la casa de la novia en caballo y se escapan juntos en el caballo. En la boda, tras su huida, la madre del novio también le da suma importancia al animal cuando dice: "¿Quién tiene un caballo ahora mismo, quién tiene un caballo? Que le daré todo lo que tengo, mis ojos y hasta mi lengua...".

Tierra. Abundan los elementos telúricos y naturales, y estos contribuyen al carácter primitivo e irracional de los sucesos de esta tragedia. Además de las flores, se menciona frecuentmente en el diálogo la aridez de los secanos donde vive la novia (y además su hogar es una cueva), y justo cuando el realismo da lugar a la fantasía, ese ambiente seco e infértil se cambia por un bosque de "grandes troncos húmedos".

Como en otras obras de Lorca, la tierra tiene un vínculo estrecho con la sangre. Cuando la madre habla de la muerte de su hijo (el hermano del novio) en el segundo acto, dice: "Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía... En una custodia de cristal y de topacios pondría yo la tierra empapada por ella".

Y al final la madre dice: "Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos [...]". Luego, ya en lírica, agrega: "Girasol de tu madre / espejo de la tierra.

/ Que te pongan al pecho / cruz de adelfas".

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