Astronomía primitiva de los nativos de Norteamérica

Los primitivos calendarios de los indios del Sur de Estados Unidos

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Gran kiva circular de Casa Rinconada en Cañón del Chaco. Again Erick (Creative Commons)

Resulta fácil pensar que fueron las culturas mesoamericanas las que influyeron en las que se desarrollaron más al norte, en territorio que actualmente forma parte de los Estados Unidos, como el de los indios navajos y anasazi, o de otras tribus de las grandes praderas. Pero bien pudiera ser que existiera un conocimiento inmemorial del cielo latente en todos esos pueblos.

Los europeos se sorprendieron al conocer que los indios norteamericanos llamaba Osa a lo que en Europa se conocía como Osa Mayor, el arqueoastrónomo John Eddy se preguntaba: "¿Por qué dos culturas que han evolucionado separadamente en dos mitades opuestas del mundo dan el mismo nombre tan inapropiado, a un conjunto de siete estrellas del firmamento septentrional?".

La Casa Grande de Arizona

La labor de los arqueoastrónomos, cazadores insaciables de alineaciones celestes, han descubierto los rústicos, pero precisos observatorios que usaban los indios del norte de América para confeccionar sus almanaques. Algunas de las construcciones mejor conservada de la cultura hohokan de Arizona, como la Casa Grande, eran usadas como calendarios gracias a una inteligente combinación de tragaluces y agujeros de medición.

Muchas otras pruebas se han acumulado para demostrar que los nativos de todos los Estados Unidos conocían la evolución de la bóveda celeste y la representaban en telas y paredes. John Carlson y Harry von Del Chamberlain han encontrado y estudiado pictogramas de los navajos en cuevas y rocas. En ellos, se señalaba el recorrido de los astros mediante el ingenioso sistema de marcar con una cruz la posición de las estrellas.

El conocimiento del Padre Cielo tenía que ser cuidadoso, pues era de una importancia vital para la subsistencia de la tribu, así como se conocían los secretos de la Madre Tierra y se adoraba al Abuelo Sol y la Abuela Luna.

Cualquier suceso astronómico regular tuvo que ser registrado por estos minuciosos escrutadores astrales.

Representación de una supernova en los pictogramas navajos

Con estas premisas se puso a trabajar el fotógrafo astronómico William Miller, de los Hale Observatories. Estudió unos curiosos dibujos que se repetían en petroglifos y pictogramas de rocas y cuevas repartidas por todo el suroeste de Estados Unidos.

Representaban una luna en cuarto creciente junto a un círculo, y supuso que debió tratarse de un fenómeno celeste especial.

Descubrió que la datación de los dibujos y la fase lunar correspondían a la supernova del año 1054, que también habían registrado los astrónomos chinos, y que dio origen a lo que hoy conocemos como la Nebulosa del Cangrejo.

Era tan brillante que durante tres semanas pudo verse de día. Posiblemente cinco veces más brillante que cualquiera de los planeta que podemos ver en nuestros cielos nocturnos. Si realmente los nativos registraron el suceso, su conocimiento del cielo era meticuloso y sistemático.

Astronomía anasazi

Luces y sombras era el sistema usado por los pueblos anasazi de Colorado y Nuevo México hace dos mil años para medir el paso de las estaciones. Las peculiares ciudades de esta cultura, construidas al resguardo de las paredes de los cañones, han sido con frecuencia pasto cinematográfico para el western épico de turno, pero también ello ha permitido conservarlas en buen estado. Sus edificios más característicos son las kivas circulares, que eran viviendas y salas comunales a las que se accedía desde el techo.

Casa Rinconada y Pueblo Bonito, las dos kivas más conocidas y visitadas de Cañón del Chaco (Chaco Canyon) datan del siglo XI.

Allí donde nosotros sólo vemos ruinas, los arqueoastrónomos dicen haber localizado alineaciones solsticiales.

Incluso algunos de ellos asegura que la sala de ceremonias de Casa Rinconada, una kiva que sin duda fue levantada con fines religiosos, representa un duplicado de la bóveda celeste de la época. Allí, el día 21 de junio, el más largo del año, un rayo de luz solar entra por una ventana y se mueve lentamente hasta que cubre un nicho especial. Cosa que sucede sólo en ese día.

¿Orientación astronómica u orificios de ventilación en los kivas anasazi?

Algunos investigadores han imaginado intrincados modelos de alineaciones a través de las kivas. Según estos, los rayos de los cuerpos celestes iluminan nichos específicos de las paredes durante un instante astronómico singular, pero los arqueólogos profesionales no las han considerado verosímiles y todavía no se han presentado pruebas concluyentes de estos aciertos.

Es más, J.E. Reyman, antropólogo de la Southern Illinois University, ha llegado a la conclusión de que las kivas poseían preferentemente orientaciones que no tienen interés astronómico sino arquitectónico, como por ejemplo el de proporcionar una buena ventilación del lugar.

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