Ansiedad generalizada: causas y síntomas

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La ansiedad generalizada consiste en un estado de ansiedad y preocupación constante y persistente, con inquietud, tensión muscular, cansancio, irritabilidad, problemas para concentrarse y problemas de sueño.

Cuando estos síntomas ocurren durante al menos seis meses e impiden que la persona funcione de modo normal en su vida diaria (en el trabajo, en sus relaciones, etc.), existe la posibilidad de que se trate de un trastorno de ansiedad generalizada.

Susana, una estudiante universitaria, se sentía ansiosa porque pensaba que su rendimiento sería muy bajo y continuamente se preocupaba con temas relacionados con los estudios. Sentía ansiedad antes de ir a cada clase; antes, durante y después de cada examen, y mientras estudiaba. En definitiva, se sentía ansiosa casi todo el tiempo.

Síntomas

El síntoma principal es la incapacidad para relajarse. La persona se siente tensa, asustada, se sobresalta por cualquier cosa, se siente inestable y débil. Puede sentir síntomas físicos de ansiedad, como manos sudorosas, palpitaciones, sensación de falta de aire, deseo urgente de orinar, náuseas, diarrea, o sensación de mareo o de estar a punto de desmayarse (aunque solo un 3,4% llega a desmayarse realmente).

A nivel cognitivo, el síntoma más común consiste en los problemas de concentración que experimentan, así como la incapacidad para controlar su pensamiento, la confusión o la incapacidad para recordar cosas importantes.

También es común que se den diversos miedos, como miedo a perder el control, miedo a ser rechazados, miedo a ser atacado o miedo a morir.

Además, se producen también dificultades para comunicarse, de manera que pueden hablar con frases desconectadas o interrumpidas, o bien bloquearse al hablar.

¿Cuál es la causa de la ansiedad generalizada?

Más que una causa, existen, por un lado, una serie de factores que predisponen a este trastorno y uno o varios que lo precipitan, es decir, que actúan como el desencadenante del trastorno en una persona predispuesta.

Los factores que predisponen a este trastorno pueden ser los siguientes:

  • Factores hereditarios
  • Enfermedades físicas que den lugar a trastornos neuroquímicos, como el hipertiroidismo.
  • Experiencias personales que han impedido desarrollar mecanismos adecuados para afrontar el estrés.
  • Patrones de pensamiento inadecuados, como metas poco realistas, o valores o imperativos contraproducentes aprendidos de otras personas importantes, como pueden ser los padres.

Los factores precipitantes también suelen ser diversos, aunque la mayoría de ellos están relacionados con el estrés:

1. Aumento de las demandas, tanto internas como externas. Así, una persona puede tener grandes expectativas o alta auto-exigencia en algo, o bien puede darse un aumento de las responsabilidades en su vida. Esto puede hacer que se sienta más preocupada por la posibilidad de fracasar. Si, además, considera que su valor como persona depende en gran medida de su nivel de rendimiento, esa amenaza de fracaso se verá aumentada.

Por ejemplo, un ascenso en el trabajo a un puesto de mucha responsabilidad, el nacimiento de un nuevo hijo, etc.

2. Acontecimientos estresantes que hacen disminuir la confianza. Por ejemplo, una persona es despedida de su trabajo y rechazada para varios puestos a los que intenta optar después, y esto le lleva a plantearse si realmente es una persona incompetente y preocuparse por la posibilidad de no poder salir adelante.

3. Aumento de las amenazas. Es decir, la vida de una persona puede cambiar a una situación que plantea una seria amenaza. Por ejemplo, la llegada de un nuevo jefe cuyo comportamiento es hostil y abusivo, o que un hijo enferme con alguna enfermedad grave, llevando a su madre estar preocupada por no poder cuidarlo adecuadamente.

4. Una situación estresante que afecta a alguna vulnerabilidad individual. Por ejemplo, cuando una persona independiente y autónoma se ve obligada a rendir cuentas de todo lo que hace.

Sin embargo, no hay que olvidar que estos factores precipitantes no actúan solos, sino que lo más frecuente es que se trate de personas con ciertos sentimientos de inadecuación, dudas o miedos. Por ejemplo, la madre que se siente crónicamente ansiosa tras el nacimiento de su hijo probablemente ya ha experimentado sentimientos de inadecuación o dudas sobre su capacidad mucho antes de quedarse embarazada y tal vez durante toda su vida. Sin embargo, el nacimiento del niño es el factor que acaba precipitando el trastorno de ansiedad generalizada.

Por tanto, en la mayoría de los casos, la ansiedad suele ser una extensión de problemas que estas personas han estado experimentando durante toda su vida.

Relación entre ansiedad generalizada e ira

Entre las personas con síntomas de ansiedad generalizada, se dan también altos niveles de ira asociada con la preocupación y la ansiedad.

Al investigar para su tesis doctoral sobre el trastorno de ansiedad generalizada, Sonya Deschênes, de la Concordia and Ryerson University, en Toronto, se dio cuenta de que, aunque muchos estudios mostraban una relación entre ira y ansiedad, esta relación no se entendía con claridad. “Esto fue una sorpresa, porque la irritabilidad, que es parte de la familia de la ira, es una característica diagnóstica en el trastorno de ansiedad generalizada.”

Las personas con ansiedad generalizada sienten una preocupación constante en relación con numerosos temas de la vida diaria, como las relaciones, la salud, el dinero, la seguridad, etc., hasta el punto de interferir con la capacidad de la persona para funcionar normalmente. Con frecuencia, anticipan el desastre y esperan lo peor.

Deschênes y sus colaboradores analizaron cómo los componentes específicos de la ira contribuyen a la ansiedad generalizada. Concretamente, midieron la hostilidad, la agresión física y verbal, la expresión de la ira y el control de la ira. Durante el estudio, evaluaron a más de 380 participantes para detectar síntomas de trastorno de ansiedad generalizada, así como la tendencia de los participantes a responder en situaciones generadoras de ira; utilizaron preguntas como: “Estoy hirviendo por dentro, pero no lo muestro” o “Arremeto contra todo lo que me enfurece.”

Los investigadores encontraron que entre las 131 personas que mostraban síntomas de ansiedad generalizada, se daban altos niveles de ira asociada con la preocupación y la ansiedad. Además, la hostilidad y la ira internalizada contribuían a la severidad de los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada. De hecho, la ira internalizada (es decir, la sensación de estar hirviendo por dentro sin mostrarlo), predecía la ansiedad generalizad mejor que otras formas de ira.

Según Deschênes, una posible explicación consiste en que “cuando una situación es ambigua, de manera que el resultado puede ser bueno o malo, los individuos ansiosos tienden a asumir lo peor. Eso a menudo resulta en un aumento de la ansiedad. Hay evidencia de la existencia de ese mismo proceso de pensamiento en personas que sienten ira con facilidad. Por tanto, la ira  y la ansiedad generalizada pueden ser dos manifestaciones del mismo proceso sesgado de pensamiento.”

Es importante tener esto en cuenta porque si, al realizar un tratamiento, no se tiene en cuenta la contribución de la hostilidad y la ira, estas personas no se van a beneficiar demasiado de dicha terapia.

Por tanto, si padeces de ansiedad generalizada, ten en cuenta que tus sentimientos de ira y hostilidad y ese patrón de pensamiento que te lleva a pensar lo peor, pueden estar contribuyendo a agravar tu trastorno, de modo que puede ser un buen punto de partida trabajar en esos sentimientos de ira.