Amor en tiempos precolombinos

El amor y la sexualidad en las culturas inca, azteca y maya

Mexican Aztec Indian Costume..
By: Tim Graham /The Image Bank/ Getty Images

Las culturas precolombinas vivían su sexualidad de una manera abierta, positiva y floreciente. No fue para ellos un asunto punible o vergonzante, muy al contrario, la consideraban una bendición y practicaban diferentes artes amatorios que sorprendieron a los españoles y quedaron impresos en el Archivo de Indias, en Sevilla.

Los aztecas

Las deidades del amor para los aztecas eran Tonacatecutl y Tonacaciuatl.

Practicaban la poligamia, especialmente en las clases sociales nobles, y las esposas secundarias y sus hijos nunca eran relegados o estigmatizados socialmente, formaban parte de la familia junto con el señor y su esposa principal.

Existían dos formas permitidas de relación sexual, aquellas dentro de la familia y las existentes entre guerreros y sacerdotisas, que eran en realidad prostitutas rituales. Ellas estaban protegidas por la diosa Xochiquétzal ( diosa de la prostitución, del amor, la fertilidad y los embarazos).

Su propósito era homenajear a los guerreros antes de que fueran a la batalla, les proporcionaban alucinógenos y afrodisíacos para hacer de la relación sexual una experiencia aún más estimulante y apasionada.

Fuera de este tipo de prostitución aceptada, el adulterio era penado gravemente, excepto para los individuos situados en las escalas sociales más altas.

Otra deidad azteca era Xochipilli (dios de las relaciones ilícitas), pero en realidad todas estas deidades se encontraban ligadas y relacionadas con la naturaleza y los procesos naturales del sexo, la fertilidad y el amor.

Se han encontrado figurillas femeninas de ese tiempo con mujeres de anchas caderas y muslos gruesos, en ellas se destacaban los senos, las caderas y el sexo, siendo el resto de la anatomía humana poco relevante, algunas de ellas con las piernas obscenamente abiertas, sugiriendo una concepción mágica y religiosa del acto sexual y la fertilidad.

Los incas

El matrimonio en esta cultura, más que un acto de amor, era una cuestión de practicidad. La pareja recién casada recibía por parte del estado una parcela para trabajar y desarrollar y con ello, tributar. Era importante la descendencia y el incremento de individuos para un imperio en crecimiento.

Por ello se necesitaba que la pareja se agradara y fuera compatible, se practicaba, por ende, la convivencia prematrimonial. Si se llevaban bien, formalizaban el matrimonio, si no, se separaban sin más ataduras.

La virginidad, evidentemente, no figuraba entre los dones de las mujeres, muy al contrario, se consideraba que una mujer virgen no había encontrado a nadie que quisiera amarla.

La libertad y naturalidad con que los incas vivían su sexualidad asombró a los españoles que dejaron constancia escrita en el Archivo de Indias, haciendo referencia a la enseñanza de la masturbación, la homosexualidad de ambos sexos, el entrenamiento sexual a las mujeres, posiciones varias en el coito, sexo oral y anal.

Los mayas

Para los mayas la sexualidad estaba estrechamente ligada con todo lo referente a la naturaleza, el mundo y su funcionamiento. El deseo sexual formaba parte de los ritos de guerra y religión.

La diosa de la Luna era la encarnación de la identidad maya, era un símbolo de generación, de maternidad, ella mantenía relaciones sexuales con otros dioses y de esa manera nacía el pueblo maya.

La concepción de la sexualidad en este pueblo no discrimina heterosexuales de homosexuales, la misma diosa Luna, siendo una fuente de creación, es bisexual, o mejor dicho, puede ser ambos géneros (hermafrodita). Su identidad con el todo que los rodea impregna cada aspecto de su cultura y su sexualidad con esta adoración a la deidad, realizada por hombres y mujeres.

Las culturas precolombinas miraban la sexualidad de un modo natural y libre de conceptos rígidos importados por los conquistadores españoles y la Iglesia Católica. El eje de sus culturas estaba unido al cosmos, la espiritualidad y los acontecimientos naturales, la sexualidad, por tanto, no queda al margen de esta óptica.