Adolescentes conflictivos

Estas conductas suelen mostrar signos previos

Atajar los problemas
Es necesario atajar los problemas que aparezcan en la adolescencia antes de que se conviertan en asuntos graves. Getty Images

La adolescencia es por definición una etapa conflictiva. Durante los años que dura, la mayoría de chicos y chicas viven un tiempo de inseguridad, miedo y confusión. El paso de la niñez a la madurez no es fácil.

Ese proceso emocional también incluye una buena dosis de rebeldía. Los adolescentes están buscando su lugar en el mundo, están construyendo su personalidad. Y en el transcurso de esa construcción personal una buena parte de ellos pone en duda muchas de las cosas que defienden los adultos que están a su alrededor.

Todo esto es normal e incluso sano. No es más que el proceso de transición lógico hacia la madurez. Aunque en muchos casos la inseguridad, el mal humor y la rebeldía hagan que la vida junto a ellos sea difícil, lo único que requiere por parte de los padres es amor, tiempo y fijar unas normas de convivencia convenientes para todos. Cuando la adolescencia pasa e, incluso tras los primeros años de esta, las cosas se tranquilizan y el joven o la joven se hacen mucho más razonables.

 

Cuando los conflictos se agravan

Pero hay casos en los que no es así. Algunas veces la inseguridad, el miedo y la rebeldía se convierten en un problema grave. El adolescente deja de tener un comportamiento normal e incurre en conductas peligrosas o delictivas que siempre son terribles para él y su familia.

Entre los comportamientos conflictivos hay una gran variedad pero los más comunes son los siguientes:

  • Dificultades graves de relación con los padres o el resto de la familia

 

Los padres deben vigilar si sus hijos tienen alguno de estos comportamientos porque si es así no hay duda de que el adolescente necesita ayuda.

Cuando los padres se enfrentan a alguna de estas situaciones suelen sentirse asustados y desalentados. No saben qué hacer ni dónde acudir. Son conscientes de que se trata de algo muy grave y muchos de ellos se sienten sobrepasados. Pero deben saber que existen soluciones.

Aunque es muy importante que esas soluciones se tomen cuanto antes. Es fundamental no dejar que la vida del adolescente, y la de la familia por contacto, se deteriore hasta límites difícilmente recuperables.

 

Qué hacer con los hijos conflictivos

Lo primero que tienen que hacer los padres con hijos en estas situaciones es buscar ayuda. Y quizá el primer lugar al que se puede acudir es la escuela. Allí, los consejeros pueden orientarlos sobre qué pasos dar. Y es que depende mucho del tipo de conflicto en el que se encuentra el adolescente para ir en una u otra dirección.

En muchos casos, estos comportamientos pueden ocultar una enfermedad mental: depresión, anorexia, bulimia, trastorno de déficit de atención o personalidad borderline son algunas de ellas. Por eso suele ser muy recomendable contar también con ayuda médica. Un diagnóstico certero puede ahorrar al adolescente y a sus padres muchos años de sufrimiento.

Además de la escuela en la mayoría de las ciudades existen programas de atención social comunitaria.

Y muchos de ellos están especializados en adolescentes conflictivos. Estos programas pueden ser de muchísima ayuda para los padres que no saben qué hacer ya que en ellos encontrarán orientación sobre las posibles tipos de ayuda que pueden buscar para solucionar el problema de sus hijos.

 

¿Se pueden evitar esas conductas?

Dada la gravedad de estas conductas es obvio que lo mejor es evitarlas. Hay algunos consejos para los padres que teman que sus hijos puedan estar acercándose a ellas. En la inmensa mayoría de los casos, cuando llegan a esos extremos los chicos y chicas han lanzado signos de advertencia previos. Pasar tiempo con los hijos ayuda a advertir esos signos:

  • Fracaso escolar
  • Actitud desafiante ante la autoridad, tanto de los padres como de los maestros o de otros adultos con los que se relacionan.

 

Si los padres de un adolescente advierten estas actitudes en sus hijos sería bueno que pidieran consejo, que se aseguraran de si es algo grave o un trastorno pasajero. Hay veces que es preferible pecar de precavido que dejar pasar una situación que acabará siendo muy grave.