5 medicamentos para las arritmias

La amiodarona es el fármaco más utilizado para tratar las taquicardias

Medicamentos antiarritmicos
Los medicamentos antiarrítmicos fueron los primeros tratamientos de las arritmias. Ion-Bogdan DUMITRESCU | Getty Images

Los medicamentos antiarrítmicos fueron el primer y único tratamiento de las arritmias. Estos fármacos actúan modificando las propiedades eléctricas del corazón, reduciendo la excitabilidad celular, aumentando el período refractario y haciendo más lenta la conducción. Su función es estabilizarlo eléctricamente, evitando las taquicardias rápidas y las extrasístoles, especialmente si el paciente los detecta.

Varios fármacos

La eficacia de este tipo de fármacos puede variar de una persona a otra. No existe un único fármaco que pueda curar las arritmias, porque aunque pueden manifestarse de la misma manera en el electrocardiograma, no tiene el mismo origen. A menudo es necesario probar varios tratamientos hasta encontrar uno que sea efectivo.

Hasta la aparición de los betabloqueantes había fármacos con efectos secundarios importantes a las dosis eficaces y algunos se administraban solo en el hospital. Parte del problema es que no existían buenos métodos de diagnóstico que permitieran conocer los mecanismos de las arritmias, ni que pasaba una vez tratados, incluso aquellos con eficacia terapéutica.

La administración de fármacos contra las taquicardias es muy útil en caso de síntomas intolerables o cuando representan un riesgo añadido. Siempre generan en el inicio del tratamiento cierto grado de ansiedad, por eso a menudo, una vez estabilizada la situación se puede disminuir la dosis.

A veces el paciente conoce el factor desencadenante y puede evitarlo o al saber que es temporal puede aprender a vivir con ello.

La dosis idónea para las taquicardias

Son tratamientos que deben seguirse de forma indefinida para evitar crisis. Es bueno conseguir la dosis idónea para cada paciente y conseguir que no tenga ni taquicardia ni bradicardia.

Por eso en algunos casos, y si hay factores sobreañadidos (cuando hay calor excesivo) el latido cardiaco se ralentiza y ocasiona mareos, fatiga y pérdida de conocimiento. Es aconsejable consultar con el cardiólogo si se producen estos síntomas que se mejorarán ajustando la dosis.

El uso de antiarrítmicos debe estar controlado por un especialista que conociendo el origen del problema indica el fármaco adecuado y busca la dosis mínima efectiva. Los pacientes que conviven con las arritmias por períodos largos llegan a ser expertos en la manera en la que su organismo reacciona a las dosis y en qué circunstancias. Muchas veces son capaces de reajustar las dosis ante situaciones puntuales. Cuando se toman betabloqueantes (atenolol o propanolol) para tratar taquicardias y fibrilaciones auriculares, es importante saber que el corazón está “frenado“ por lo que no se va acelerar como antes al hacer un esfuerzo.

Algunos de los efectos secundarios son dolores musculares, cansancio y asma. Este último puede hacerlos incompatibles para el tratamiento, ya que el asma está relacionada con la fórmula misma del producto. En general desaparece al cesar la toma. A veces se pone de manifiesto un problema latente, que la medicación ha hecho patente.

Es muy importante que tomes los medicamentos antiarrítmicos siguiendo las instrucciones de tu médico para evitar complicaciones.

Tipos de fármacos más usados para tratar las taquicardias

  1. Amiodarona: es el medicamento más utilizado para el tratamiento de las arritmias, especialmente para la fibrilación auricular. También para tratar las arritmias supraventriculares y ventriculares. Es un bloqueante de los canales del potasio. Aunque suele ser bien tolerada puede causar efectos secundarios entre los que destacan: dolor de cabeza, alteraciones gastrointestinales o mareos. También puede producir trastornos en tiroides, hígado, pulmones o ojos. Puede aumentar la sensibilidad de la piel al sol, por lo que es mejor evitar las exposiciones solares prolongadas. Es una medicación eficaz y se utiliza sobre todo al inicio de la aparición de la fibrilación auricular para intentar revertirla a ritmo sinusal.
  1. Flecainida: puede causar náuseas y mareos al principio del tratamiento. Se administran para tratar arritmias supraventriculares y ventriculares. Pueden causar nuevas arritmias y vértigos como efectos secundarios.
  2. Propafenona: aunque se tolera bien, deber usarse con precaución en pacientes con asma o enfermedades pulmonares.
  3. Antagonistas del calcio o calcioantagonistas (verapamilo, diltiacem): impiden la entrada de calcio en las células musculares, reduciendo su contracción lo que ayuda a controlar las arritmias cardíacas.
  4. Digoxina: aumenta la fuerza de contracción del corazón además de disminuir el latido cardíaco. Es un medicamento que se utiliza para tratar la fibrilación auricular. Se elimina por el riñón por lo que en pacientes con insuficiencia renal es frecuente que se disminuya la dosis para evitar una intoxicación. La digoxina puede dar pérdida de apetito, vómitos, náuseas, palpitaciones o mareos y visión de color amarillo. Proviene de una planta llamada digitalis lanata usada desde tiempos antiguos por curanderos para mejorar el ahogo de los pacientes cardíacos. Un médico escocés la introdujo en la farmacopea médica oficial y sigue siendo eficaz. Su dosificación requiere un cierto control que ha mejorado porque se detecta en sangre. Mejora la disnea, refuerza la contracción y enlentece la frecuencia, aporta además sensación de bienestar al paciente.

También se utilizan en régimen hospitalario otros fármacos como la adenosina (para taquicardias supraventriculares), el cloruro cálcico (para la taquicardia de QRS anchos), el cloruro magnésico (para tratar la fibrilación auricular y el exceso de digoxina), la adrenalina (para el paro cardíaco), la atropina (para la bradicardia) y la isoprenalina.

Referencias:

Tracy CM, Epstein AE, Darbar D, et al. 2012 ACCF/AHA/HRS Focused Update of the 2008 Guidelines for Device-Based Therapy of Cardiac Rhythm Abnormalities. J Am Coll Cardiol. 2012;60(14):1297-1313.

Olgin SE. Approach to the patient with suspected arrhythmia. In: Goldman L, Schafer AI, eds. Goldman's Cecil Medicine. 24th ed. Philadelphia, PA: Saunders Elsevier; 2011:chap 62.