4 consejos para no gritar a nuestros hijos

o ¡a mí el rinoceronte naranja!

Mujer gritando
Madre gritando a sus hijos descontrolada. © Stephen Smith

¿Han oído hablar del rinoceronte naranja? Es un movimiento surgido a raíz de que una madre nortamericana de cuatro hijos se propuso no gritar a sus hijos.

Sheila MacCraith lleva ya varios años en este proceso y lo que surgió como una historia personal, ha traspasado las fronteras y se habla de ello en todas partes.

Gritar menos a nuestros hijos: El sueño de casi todas, ¿verdad? En ocasiones lo hacemos y aun teniendo nosotras razón, nos damos cuenta de que nuestra reacción ha sido desorbitada, máxime siendo ellos niños y carecer de los recurso con los que un adultos nos replicaría o pararía.

Les traigo tres ideas para poner en práctica e intentar evitar las situaciones que llevan a esos gritos,por que está muy bien mentalizarnos en no hacerlo, pero no se trata de “comernos “ esos gritos que no damos, si no de ver qué se hace con ellos o cómo evitarlos.

1-Previsión

Nosotras conocemos muy bien a nuestros hijos. Sabemos qué deseos suyos, relaciones o cansancio nos llevan directamente a la tormenta. Adelantémonos y evitemos situaciones que nos abocan a ella; aunque también está bien dar un voto de confianza aun arriesgándonos a tener problemas una vez más. Puede salir bien o no, y en caso de que no vaya bien tome usted el mando durante una temporada hasta que sienta que puede volver a confiar en él. Quizás le estemos pidiendo demasiado para su edad.

2-Autocrontol

Acaba de empezar una situación complicada; está yendo a más y su hijo que está en otra habitación le grita algo o no sale, o no se viste...

cuando se esté dirigiendo hacia donde está su hijo, en esos metros, en esos segundos, frene, ¡pare!. Su cabeza está en plena ebullición en este momento y lo que pase al llegar puede ser incluso “peligroso”. Gritos suyos sin control a una persona pequeña o lo que sería peor: violencia física.

3-Descanso

Duerma, descanse. Una madre con cansancio sólo va a poder arrastrarse por las exigentes situaciones que trae la vida diaria con niño y su paciencia va a estar muy mermada. Cuando nacen nuestros hijos nos recomiendan que durmamos las siestas que duermen ellos, pero es que cuando crecen tenemos tanto que hacer y como a la vez ellos nos dan más aire, nos cargamos con demasiadas cosas y al final dormimos menos de lo que realmente necesitamos

4- Visión

¿Es este parte del recuerdo que queremos que nuestros hijos tengan de nosotros? Una madre que le daba demasiados gritos, que se enfadaba por todo (aunque pueda ser una percepción del niño, la falta de paciencia por agotamiento hace que saltemos por cosas nimias o que digamos que no a cosas simplemente por el trabajo que es posible, nos acaben generando a nosotras) Un adulto que grita mucho provoca miedo en un niño y ese sí que es un triste recuerdo.

Recuerde que los niños crecen y los adolescentes también dejarán de serlo. La crianza es agotadora y dura unos años. Lo habitual es que vaya a mejor al ser ellos más independientes. Además recuerde que son pequeños y cuando su hijo de cinco años haga algo que la desespere, imagínese diciéndole a un adulto que hace algo incorrecto: ¡pareces un niño de cinco años!

Pues claro, ¡cómo vamos a exigirles todo tan correcto como pretendemos!

Les aseguro que ayuda.