10 poemas para regalar el día de San Valentín

Poemas de amor
Versos de amor para regalar. Pablo Blasberg

Si estás preparando un regalo especial para hacerle a tu pareja el 14 de febrero, puedes añadir un detalle que le encantará: unos versos de amor.

En esta selección encontrarás 10 poemas para regalar el día de San Valentín. Elige tu favorito y añádelo en una tarjetita o, por qué no, a una carta de amor en la que expreses tus sentimientos con tus propias palabras. ¡Feliz Día de los Enamorados!

Besos, de Gabriela Mistral.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

 

Te amo por ceja, de Julio Cortázar.

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes
de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza
de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y
cintas que dormían en la lluvia.

 

¡Cómo me dejas que te piense!, de Pedro Salinas.

Pensar en tí es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
Cómo te rindes al pensar ardiente,
Tu gran consentimiento en la distancia.

 

Amada, el aura dice, de Antonio Machado.

El viento me ha traído
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña…
No te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!

 

Tu dulzura, de Alfonsina Stormi.

Es que anoche tus manos, en mis manos de fuego,
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego,
llenóseme la boca de mieles perfumadas.

Tan frescas que en la limpia madrugada de Estío
mucho temo volverme corriendo al caserío
prendidas en mis labios mariposas doradas.

 

Es una lástima que no estés conmigo, de Mario Benedetti.

Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tinte azul de mi carbónico

 

Bella, de Pablo Neruda.

Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,
siempre.

 

Que el amor no admite cuerdas reflexiones, de Rubén Darío.

Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

 

Amor eterno, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la Tierra
Como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

 

Si me quieres, quiéreme entera, de Dulce María Loynaz.

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!