10 grandes cometas de la historia

Los cometas más importantes cuyo estudio ha hecho avanzar la astronomía

Se conoce como grandes cometas aquellos que han ofrecido un brillo o característica espectacular que los ha convertido en especiales. Desgraciadamente, existe poca constancia histórica de estos fenómenos, algunos de los cuales ya ofrecimos en otra entrada sobre la relación entre cometas y supersticiones. En esta ocasión, nos limitamos a aquellos que contribuyeron al avance de la astronomía. Para más información existen algunos catálogos de antiguos cometas (texto en italiano), una enciclopedia cometaria (en inglés) y relaciones de grandes cometas.

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Cometa de 1577

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El cometa de 1577 atrajo la atención de muchos curiosos y el interés astronómico de Tycho Brahe. Zentralbibliothek Zürich. Dominio Público

Tycho Brahe tuvo dos observaciones celestes fundamentales. Por una parte distinguió una supernova que le permitió comprender que el orden de los cielos no era inmutable y el cometa de 1577 (su designación astronómica es C/1577 V1) cuya observación le indicaba que se trataba de un fenómeno que se producía mucho más allá de la atmósfera terrestre. Gracias a las anotaciones de Brahe hoy sabemos que este cometa se encuentra a 320 UA del Sol.

Fue llamativamente observado y reseñado en todo el mundo.

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Cometa de 1680 (cometa Kirsch)

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El cometa de 1680 generó el pánico entre la población. Archivo. Dominio Público

El cometa de 1680 (C/1680 V1) fue el primero descubierto con telescopio por Gottfried Kirch, aunque también se atribuye al jesuita español Eusebio Kino que siguió su trayectoria desde España y publicó en México en 1681 el primer tratado científico de América (Exposisión Astronomica de El Cometa). Contra las ideas supersticiosas que en él se vertían, el científico mexicano Carlos de Sigüenza y Góngora publicó ese mismo año, su Manifiesto philosóphico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos, donde por primera vez se separaba la astrología de la astronomía.

Fue estudiado por Halley y Newton, aunque será el de dos años después el que inaugure la ciencia cometaria basándose en las leyes de la gravitación.

Pertenece al grupo de cometas conocidos como rasantes del sol Kreutz (Kreutz Sungrazers, en su denominación inglesa) que posiblemente todos ellos forman parte de un cometa mucho más grande que se fragmentó.

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Cometa de 1682 (cometa Halley)

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Tapiz de Bayeux (Francia) donde se describe la conquista de Inglaterra por el rey normando Harold en 1066, año del paso del cometa Halley que como se observa en la imagen admira y sorprende al pueblo. Myrabella / Creative Commons

Este brillante cometa (1P/Halley) fue observado por Edmund Halley el 22 de noviembre de 1682, el cual le dio la idea de solicitar a Newton que desarrollara una ley para explicar su trayectoria. Este cometa se correspondía con otras observaciones recogidas en 1456 (que estudió Johannes Müller, conocido como Regiomontano), en 1531 (observado por Pietro Apiano, el primero en señalar que la cola presenta una dirección opuesta al Sol) y en 1607 (que en este caso estudiaría Kepler).

Desde 1758 llevaría el nombre de Halley, cuando apareció según los cálculos de Halley, y en sus sucesivas apariciones (1835, 1910 y 1986) levantaría una gran expectación popular. Volverá a aparecer en 2061.

Su visita en el año 1910 fue particularmente especial ya que la Tierra fue rodeada por su cola el 18 de Mayo de 1910, creyéndose popularmente que los gases del cometa acabarían con todos los seres vivos.

Ha sido hasta el momento el cometa más estudiado por sondas espaciales.

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Cometa de 1744 (cometa de Chéseaux)

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Ilustración del cometa de seis colas de 1744 publicado en Le Magasin Pittoresque. Ilustración de "Le Magasin Pittoresque"

Conocido también como cometa Klinkenberg-Chéseaux (C/1743 X1), no sólo resultó muy brillante, sino que ofreció uno de los más singulares espectáculos cometarios, ya que desplegó seis colas.

La visión de este cometa supuso la decisión de convertirse en astrónomo y cazador de cometas para un joven francés de 13 años llamado Charles Messier que años más tarde publicaría el catálogo de estrellas que lleva su nombre.

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Cometa de 1786 (cometa Encke)

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El cometa Encke en diciembre de 2003. Michael Holloway

Aunque descubierto en 1786 por Pierre Méchain, no lleva su nombre (2P/Encke), ya que fue Johann Encke quien estableció su extraordinaria órbita en 1819 que sólo duraba 3 años y medio, siendo el de menor periodo orbital de los cometas conocidos.

Algunos astrónomos consideran que el suceso de Tunguska de 1908 pudo ser ocasionado por un fragmento de este cometa. Se calcula también que se convertirá en asteoride en 2060.

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Cometa de 1882 y otros cometas del siglo XIX

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El cometa de 1882 observado en Japón. Observatorio Nacional Astronómico de Japón
Durante el siglo XIX diversos cometas de brillantes características hicieron su aparición, siendo muy significativos los de 1811 (C/1811 F1), 1843 (C/1843 D1), con la cola más larga vista en un cometa: 300 millones de kilómetros, el doble de lo que nos separa del Sol), 1858 (Cometa Donati - C/1858 L1) y 1882 (C/1882 R1), siendo este último el más brillante de los tiempos modernos. Se fragmentó en cinco pedazos que volverán a las inmediaciones de la Tierra en el siglo XXVII (2642).
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Cometa de 1993 (cometa Shoemaker-Levy 9)

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Foto compuesta por imágenes del telescopio espacial Hubble que muestra los fragmentos del cometa Shoemaker Levy aproximándose a Júpiter antes del impacto. NASA / JPL
El cometa Shoemaker-Levy 9 (D/1993 F2) descubierto en 1993 se fragmentó en muchos trozos cuya trayectoria se dirigía al planeta Júpiter. Un acontecimiento científico de primera magnitud y seguimiento que tuvo lugar en julio de 1994. 21 fragmentos impactaron en el planeta gigante, un fenómeno que recogieron las cámaras del telescopio espacial Hubble y que pudo también ser observados por numerosos astrónomos y aficionados.
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Cometas del siglo XX

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El cometa Hale Bopp en 1997. Jerry Lodriguss

Liberados en buena medida del yugo de la superstición, pocos cometas del siglo XX han tenido la trascendencia popular de los de siglos anteriores.

En 1965, el cometa Ikeya-Seki (C/1965 S1), fue uno de los más brillantes de todos los tiempos, observado incluso de día.

El cometa Kohoutek de 1974 (C/1973 E1) fue uno de los de mayor periodo conocido (entre 9 000 y 16 000 años) y promocionado en los medios de comunicación como el cometa del siglo, aunque su visión no resultó tan espectacular, pero sí fue el primer cometa estudiado por sondas espaciales.

Sin embargo, fue el cometa West (C/1975 V1), apenas dos años después, el que maravilló por su luminosidad, pero sólo a los aficionados a la astronomía, ya que apenas fue promocionado por la prensa tras la decepción del Kohoutek. Su periodo orbital es el más largo conocido (558 000 años).

En 1996, el cometa Hale-Bopp (C/1995 O1) llamó la atención por las dos colas que desarrolló y fue fácilmente observable a simple vista. Su núcleo se estimó en 30 km de diámetro.

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Cometa de 2006 (cometa McNaught)

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El cometa McNaught visto desde Chile. ESA
El cometa más brillante visto hasta el momento en el siglo XXI (C/2006 P) fue descubierto en Australia en 2006 por Robert H. McNaught que desarrolló una espectacular cola.
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Cometa Churiumov-Guerasimenko

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Recreación artística del descenso de la sonda Philae-Rosetta sobre la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. ESA/ATG medialab

No se trata de un cometa (67P/Churiumov-Guerasimenko) brillante, ni espectacular, con un corto periodo orbital (6,6 años), descubierto además en 1969, pero pasará a la historia de la astronáutica por ser el primero en el que se posará para su estudio un ingenio humano, Philae, el módulo de descenso que porta la nave europea Rosetta, en noviembre de 2014. Se tratará de una hazaña que promete descubrir muchos de los misterios que aún rodean los cometas.